Del libro "Jap Ji; El mensaje de Guru Nanak" escrito por Sant Kirpal Singh


Por experiencia sabemos que nos olvidamos de noso­tros mismos cuando estamos totalmente absortos en alguna cosa. Este bendito estado en el que uno se olvida de sí mismo, se presenta únicamente cuando se tiene fija la atención, y en el momento en que nos fuerza a retirarla, nos hacemos sensibles a lo que nos rodea y nos sentimos perturbados hasta con las cosas triviales de la vida. Dado que hemos buscado placer en ocupaciones y objetos mundanos en todas las vidas, nos hemos identificado con estos no sabiendo nada de la verdadera y permanente bienaventuranza que se encuentra lejos de todo eso, en las profundidades de nuestro propio ser o alma. No es posible desli­garnos de las placeres del mundo antes de que nos sintamos obligados a introvertirnos probando internamente algo mejor.

El mundo entero se está extraviando en la búsque­da del centro de la verdadera felicidad o bienaven­turanza a causa del cambio constante al que los objetos materiales, por su misma naturaleza, están sujetos en cada momento de su existencia. Además, los objetos externos en sí, no contienen placer en sí mismos, sino que es nuestro apego a ellos el que nos proporciona sensaciones de placer. Pero estos objetos, a causa de su na­turaleza efímera,  tienen que seguir el panorama de la existencia que cambia constantemente. Estos cambios caleidoscópicos naturalmente desconciertan la mente que  se distrae y a menudo se siente desdichada. La bien­aventuranza eterna o la verdadera felicidad, sólo puede obtenerse si nos apegamos a algo que sea per­manente, incambiable y eterno. Los efímeros encan­tos de la madre naturaleza no pueden proporcionar al ser humano felicidad alguna en el verdadero sentido de la palabra.

Gurú Nanak dice:
Quien esté buscando alegría eterna,
que la busque en el espíritu que todo lo compenetra, Naam o Verbo.

Shalok, M.9

Para que la mente quede libre de los sentidos ex­ternos, debe estar sintonizada con las dulces sin­fonías de la música interna del alma, el Verbo, que está reverberando en todas partes. Como el Verbo es eterno, así también lo será el apego que le tenga­mos y no conoceremos ni cambio ni dolor. La mente ya no vagará tras objetos externos una vez que se quede embebida en los acordes del canto eterno.Con su ayuda, el alma cansada del mundo asciende a los planos espirituales más elevados. El Verbo tiene su propia luz y sus encantos refulgentes, que son

innatos, inefables y dulces. Donde existe vibración, hay sonido, esto es una verdad científica. La luz es también el resultado inevitable de la vibración, ya que la luz y el sonido van siempre unidos.

Donde la luz está centelleando, el canto sin fin está sonando.
Sorat Namdev

Gurú Nanak también habla de los incontables benefi­cios que resultan de la comunión con el sonido interno, o sea el Verbo, en las estrofas de la VIII a la XV del Jap Ji.